El traductor jurado: mitos, realidad y límites legales – 3ª y última parte

Confidencialidad, tarifas y copias:

En los capítulos anteriores hemos dado un ameno paseo por algunos aspectos de la traducción jurada desde mi punto de vista personal y humorístico, no por ello menos instructivo. Hemos visto qué certifica un traductor jurado, cómo y por qué lo hace, y os he hablado de la presentación, la calidad y la precisión descriptiva de estas traducciones.

Con un cierto retraso que lamento, pero que ha sido debido a que mis musas estuvieron de vacaciones, procedo ahora a tratar, en esta última entrada, los tres temas que me quedaron pendientes: la confidencialidad, las tarifas y la realización de copias.

La confidencialidad

Es evidente, a pesar de que muchas veces traduzcamos «escrituras públicas» y suene a contradicción. Pero la confidencialidad, al igual que la calidad, debe ser una condición inherente y permanente en nuestra profesión, tanto si juramos, prometemos o dudamos y perjuramos. Hoy, que la traducción se está profesionalizando cada vez más, firmamos a menudo contratos de confidencialidad con determinados clientes y en dichos contratos puede incluso que nos obliguemos a destruir toda la documentación sensible una vez realizado el servicio. No recuerdo que en el Reglamento del traductor jurado se obligue a nada en especial, pero a mí me resulta lógico al menos que, ya que estamos dando fe de algo y que podemos ser, dado el caso, requeridos ante un juez para ratificarnos o para ser condenados por un error garrafal, pues que conservemos las traducciones juradas todo lo que nos sea posible (en mi caso, durante los últimos 6 años al menos). Como fedatarios, nos comprometemos de forma especial ante el cliente, sellamos y firmamos, así que yo conservo siempre una copia de todas las traducciones juradas que hago, le guste o no al cliente. Las conservo en formato electrónico, que ocupa menos y es más ecológico, pero eso ya me basta. Además es frecuente que un cliente te pida una copia de aquellos estatutos traducidos hace 2 o 3 años, y nuestro sistema de archivo debe permitirnos encontrar rápidamente la traducción solicitada (¡¡además de lo que supone poder aprovechar unas cuentas anuales una y otra vez!!).

Sobre el término en sí de «confidencialidad» no creo que haga falta decir mucho más. Todo es confidencial, mientras no se demuestre lo contrario.

Las tarifas

Tema espinoso, que ya mencioné en la primera parte. Según el país, las traducciones juradas tienen distintos recargos sobre el precio normal. Para empezar, una traducción jurada no se puede tocar, así que las agencias de traducción que hagan el favor de no pedir juradas a 0,06 para venderlas a 0,12, pues ya no añaden ningún valor añadido a la traducción excepto un hermoso sobre y un mensajero. Un margen comercial es normal, ya que el cliente llega gracias a la publicidad de dicho intermediador.

Como ya se sabe, está prohibido fijar precios. Los colegios profesionales y las asociaciones no pueden tener casi ni precios recomendados, pero sí se pueden hacer estudios del sector, ver qué cobran los colegas, e intentar que haya cierta uniformidad, por el bien de nuestra imagen y de nuestros bolsillos.

Cuando llega la hora de fijar un precio para un servicio hay que tener en cuenta tantas cosas que necesitaríamos un experto economista que nos lo estudiara. El precio depende del servicio, de la combinación de idiomas, de la comodidad para el cliente, de nuestra disponibilidad, de nuestra experiencia y solera, de nuestro buen nombre, de la rapidez, de la situación del mercado (actualmente pésima), de los costes que implica,… un escandallo a fondo del servicio es prácticamente imposible.

Es normal ver que un principiante cobra menos que un experimentado, pero si recurro a mis consabidos y famosos ejemplos comparativos,… ¿Irías a un médico que cobra poco, porque como está empezando hay que ayudarle a que, con el método de acierto/error, vaya poco a poco mejorando saltando por encima de algún que otro cadáver mal diagnosticado? Soy bruto, lo sé. A fin de cuentas, lo que se cobra es el valor de un producto final, independientemente de la experiencia. Si vas a hacer malas traducciones juradas, dedícate a pintar fachadas.

Los notarios tienen unas tarifas fijadas por ley y son considerablemente bajas. ¿Por qué? Pues porque pasar por un notario es obligatorio y con esta ley se asegura que todo el mundo se pueda permitir acudir a un notario sin sorpresas económicas desagradables. Luego lo trataré de nuevo con el tema de las copias, pues hay tela en este asunto. Siguiendo esta línea, ya que la traducción jurada es obligatoria en muchos casos, el precio no debería ser demasiado alto.

Cada uno que tenga su sistema, pero el mío es muy lógico y justificable cuando haga falta. Yo tengo un precio para las traducciones normales, y otro para las juradas, que está entre 2 y 3 céntimos por encima de la normal. De esta forma, si lo que me trae un cliente es una traducción excelente de un documento y me pide que le ponga el sello (con el que sólo doy fe de su perfecta coincidencia), pues cobro exactamente esa diferencia. Una empresa de traducción me pasa la traducción ya hecha. Si las normales se las cobro normalmente a, digamos, 0,06 €/palabra, y la traducción normal ya está hecha, deduzco eso de mi tarifa de juradas y cobro el recargo de la diferencia. Si mi precio de jurado para esa empresa de traducción es de 0,09, pues le cobro los 0,03 € de diferencia por palabra. Eso sí, por favor, que la traducción esté bien y que no tenga que revisarla a fondo corrigiendo erratas y números mal escritos.

Hasta hace un par de años había que comunicar las tarifas al Ministerio cada año. Ahora se ha suprimido esta obligación, pues contraviene la libertad de comercio de la UE. Espero que este blog llegue a muchos traductores jurados noveles, que ofrecen tarifas de 0,05 para traducciones juradas a clientes finales, que lo único que logran con ello es vivir mal y que al final tengamos todos que cobrar precios irrisorios. Y que conste que las tarifas que menciono son sólo unas posibles medias del mercado, no precisamente las mías.

Las copias

Y finalmente las dichosas copias. Corren por ahí consejos de que las copias deben cobrarse al 50% del precio original. Cada uno que haga lo que quiera, pero si por una traducción de 500 € vamos a cobrarle al cliente 250 € por expedirle una copia, le saldrá infinitamente más barato hacer que un notario le compulse fotocopias de dicha traducción, a un coste probablemente no superior a 20 €.

En el caso de las copias suelo aplicar lo mismo que para traducciones hechas y que sólo voy a sellar: la diferencia de 0,02 € por palabra, con un mínimo bastante irrisorio y un máximo decente. En estos casos calculo el tiempo que necesito en buscar la documentación, reimprimirla, sellarla, graparla y firmarla. Una traducción de 500 euros me puede suponer una hora de trabajo más 5 € de gasto de tinta de impresión y papel. Son 5500 palabras más o menos, que a 0,02 me dan 110 €. Si tardo una hora, no cobro más de 60 €, y no 250.

Yo se lo digo a los clientes abiertamente: si la tengo que hacer yo, sale a 60 € por copia. Si se la fotocopia él y va al notario a que se la compulse, es probable que le salga más barato. Y al final prefieren que las haga yo, pues aunque la validez sea la misma, es más bonito tener copias originales idénticas a la primera traducción. Los traductores estamos exentos de legalización, mientras que una compulsa notarial puede que requiera más legalizaciones o apostillas. Como no hay obligación de adjuntar ningún original, tampoco es necesario que el cliente aporte tantos originales nuevos como copias desea.

Y con ello acabo estas exposiciones fruto de mi dilatada experiencia. Si cuando empecé estos artículos comentaba que tengo casi 27 años de experiencia, acabada esta tercera entrega puedo decir ya que tengo más de 27 años de experiencia, ya que los cumplí en mayo.

Para cualquier duda podéis escribirnos a dosPalabras o dejar vuestro comentario aquí.

Miguel Núñez Ferrer

Traductor Jurado de Alemán e Inglés por examen del Ministerio de Asuntos Exteriores

Diplomado (1984) y Licenciado en traducción (1994) por la UAB – Intérprete de conferencias de alemán

Postgraduado en Tradumática por la UAB (2000)

Miembro del Comité Técnico de AENOR para servicios de traducción

Especialista en Sistemas de Gestión para la Calidad en Servicios de Traducción

Gerente y asesor de la Asociación Nacional de Empresas de Traducción e Interpretación (ANETI)

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Comments
3 Responses to “El traductor jurado: mitos, realidad y límites legales – 3ª y última parte”
  1. Leon Hunter dice:

    Hola:
    No había visto este post y lo he encontrado de casualidad gracias a una búsqueda en Internet.
    ¡Buena entrada, Miguel!
    Saludos,
    Leon Hunter

  2. Traductor jurado francés dice:

    Buenos días:

    Un cliente me pide que le envíe una copia escaneada de una traducción que ya le entregué en mano, por si se la piden para el futuro.

    ¿Es normal? ¿Qué me aconsejáis?

    • Buenos días:

      ¡Gracias por dejar un comentario! Pues cada maestrillo tiene su librillo, pero puedes enviarle una copia en papel adicional, cobrándole una tarifa mínima por copia. Al menos así lo hacen algunos compañeros.

      Aquí te dejamos enlace a la entrada del blog de Leon Hunter, para que amplíes info acerca de las copias. http://leonhunter.com/blog/?p=55.

      «La traductora jurada Laura Moreno de Kyo Traducciones apunta una de las razones por las que las “copias” de traducciones juradas se cobran:

      “Hay que tener en cuenta que cada una de esas copias hará su papel en el lugar donde se entregue y que ha de ser original sellada para que así sea. Eso tiene que tener un precio.”»

      Saludos,

      Judith de dosPalabras

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